Circular 004 de 2025: CDMB declara alerta por lluvias hasta 40 % superiores en Bucaramanga y 13 municipios de Santander

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por Observatorium ambiental

Bucaramanga, abril de 2025. La Corporación Autónoma Regional para la Defensa de la Meseta de Bucaramanga (CDMB) emitió la Circular 004 de 2025 advirtiendo sobre el incremento significativo de las precipitaciones durante la primera temporada invernal del año. Según el pronunciamiento oficial, los acumulados podrían superar hasta en un 40 % los promedios históricos, generando escenarios de amenaza en zonas urbanas y rurales de su jurisdicción, que comprende 13 municipios del departamento de Santander.

La medida preventiva impacta directamente a Bucaramanga, Floridablanca, Girón y Piedecuesta, donde la expansión urbana sobre rondas hídricas y zonas de ladera ha incrementado la exposición al riesgo. Los sectores cercanos a corrientes como el Río Hato, el Río de Oro y la Quebrada Grande son catalogados como puntos críticos ante la posibilidad de inundaciones súbitas, deslizamientos y avenidas torrenciales.


De acuerdo con análisis técnicos del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM), el actual régimen de transición climática intensifica la variabilidad atmosférica en la región andina, alterando los patrones históricos de lluvia. Este fenómeno se traduce en eventos más concentrados y de mayor intensidad en cortos periodos, lo que incrementa la presión sobre sistemas de drenaje urbano que, en muchos casos, presentan deficiencias estructurales o mantenimiento insuficiente.

La Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) respaldó la alerta regional y recomendó a las administraciones municipales activar planes de contingencia, revisar mapas de amenaza y reforzar estrategias de monitoreo comunitario. En Santander, la topografía montañosa y la ocupación de suelos inestables configuran un escenario donde la combinación de saturación hídrica y pendientes pronunciadas puede desencadenar movimientos en masa con consecuencias severas.

Desde una perspectiva técnica, el incremento del 40 % en precipitación no solo implica mayor volumen de agua superficial, sino también un aumento en la infiltración y en la presión intersticial de los suelos, reduciendo su capacidad de resistencia al corte. En sectores de ladera urbanizada, esta condición puede acelerar procesos de remoción en masa, especialmente cuando existen intervenciones antrópicas como cortes inadecuados, rellenos no compactados y deforestación de cobertura vegetal protectora.

En el contexto urbano de Bucaramanga y su área metropolitana, los ríos y quebradas cumplen una doble función ecológica y social. Sin embargo, la ocupación progresiva de sus rondas hídricas ha disminuido la capacidad natural de amortiguación ante crecientes súbitas. Estudios previos de planificación territorial han señalado que la impermeabilización del suelo —producto del concreto y el asfalto— incrementa la escorrentía superficial, elevando el caudal pico en periodos cortos de lluvia intensa.


La Circular 004 enfatiza la corresponsabilidad ciudadana en la prevención. La disposición inadecuada de residuos sólidos en canales y alcantarillas agrava el taponamiento de drenajes, reduciendo su capacidad hidráulica y aumentando la probabilidad de desbordamientos. En este sentido, la gestión integral del riesgo no se limita a la respuesta institucional, sino que requiere cultura ambiental, educación preventiva y participación comunitaria.

En términos de planificación, la situación plantea la necesidad de fortalecer instrumentos como los Planes de Ordenamiento Territorial (POT) y los Planes de Gestión del Riesgo de Desastres, incorporando escenarios climáticos actualizados y criterios de adaptación al cambio climático. La infraestructura verde —parques lineales ribereños, restauración de rondas, revegetalización de taludes— se presenta como estrategia complementaria para reducir vulnerabilidades estructurales.


La experiencia histórica en Santander demuestra que las temporadas de lluvia intensa pueden traducirse en pérdidas humanas, afectaciones a viviendas y daños en infraestructura vial y de servicios públicos. La alerta actual no debe interpretarse como un evento aislado, sino como parte de una tendencia asociada a la creciente variabilidad climática regional, fenómeno que exige políticas públicas sostenidas y enfoque interdisciplinario.


La reflexión es imperativa. Cuando el agua avisa con fuerza en nuestras propias quebradas, no se trata de un fenómeno lejano ni abstracto; es una señal directa sobre la fragilidad de nuestros modelos de ocupación territorial. Bucaramanga y su área metropolitana enfrentan el desafío de reconciliar desarrollo urbano con equilibrio ecológico, entendiendo que la prevención no es una alternativa secundaria, sino un principio rector de supervivencia colectiva. Actuar hoy en la protección y recuperación de sus ríos urbanos significa salvaguardar vidas, hogares y el futuro ambiental de la región.

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