Por Observatorium Ambiental
En los últimos meses de 2025 y principios de 2026, las costas del Caribe colombiano han enfrentado una acumulación récord de sargazo y proliferaciones algales, con más de 38 millones de toneladas métricas estimadas flotando en el Atlántico tropical y avanzando hacia playas de Chocó, La Guajira, Magdalena y Bolívar. Según reportes de Invemar y el Ministerio de Ambiente, en mayo 2025 ya se registraron 22.000 toneladas cubriendo 12 km de playas en Acandí y Unguía (Chocó), un volumen sin precedentes que asfixia ecosistemas y genera alertas sanitarias.
El fenómeno, impulsado por nutrientes excesivos de escorrentía agrícola y urbana, combinado con temperaturas superficiales del mar elevadas por el cambio climático, favorece blooms de sargazo (Sargassum sp.) y dinoflageladas tóxicas. En zonas como Santa Marta, Tayrona y Cartagena, el agua se tiñe de marrón-rojizo o verde intenso, con descomposición que libera olores fétidos y consume oxígeno, creando zonas muertas locales.
Miles de peces aparecen muertos en las orillas, tortugas marinas y aves sufren intoxicación o enredo, y los manglares y pastos marinos —filtros naturales— se ven asfixiados bajo capas de alga acumulada. En Chocó, el arribo masivo amenaza nidos de tortugas y corales, mientras que en el Caribe insular (San Andrés y Providencia) se reportan impactos similares a los de años previos, agravados por la eutrofización regional.
El impacto socioeconómico es directo: la pesca artesanal pierde capturas por zonas hipóxicas y toxinas en mariscos, con cierres preventivos en playas que afectan el turismo (principal fuente de ingresos en Santa Marta y Cartagena). Comunidades costeras enfrentan riesgos sanitarios por consumo de productos contaminados y pérdidas en medios de vida tradicionales.
Expertos de Invemar y REMARCO (proyecto regional) advierten que estos eventos, antes esporádicos, se intensifican por el cambio climático y la contaminación por nutrientes. Proyecciones indican que sin controles, los blooms podrían volverse anuales, agravando la acidificación y desoxigenación en el Caribe colombiano.
Para mitigar la crisis, se urge:
- Tratamiento avanzado de aguas residuales en cuencas costeras.
- Agricultura sostenible con menor uso de fertilizantes.
- Monitoreo satelital y alertas tempranas con participación comunitaria.
- Restauración urgente de manglares y praderas marinas.
- Integrar la reducción de nutrientes en las NDC de Colombia hacia 2035.
El Caribe colombiano enfrenta una amenaza estructural: cada tonelada de sargazo y cada bloom algal es un síntoma de desequilibrio humano. Actuar ahora —con políticas firmes y restauración activa— es la única forma de recuperar playas vivas y economías resilientes antes de que el mar se vuelva inhóspito.

