Colombia: tres resguardos indígenas monitorearon sus peces y detectaron altos niveles de mercurio

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Los resultados obtenidos revelan una realidad alarmante: entre el 10 % y el 28 % de las más de cien especies de peces analizadas en tres resguardos indígenas del Amazonas colombiano presentan concentraciones de mercurio superiores al límite recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS). El pescado que tradicionalmente alimenta a estas comunidades contiene niveles tóxicos: el agujón (Boulengerella cuvieri) registró hasta 0,86 partes por millón (ppm), mientras que especies como la piraña, la payara, el payarín y la corvinata también reportaron valores críticos.

Este monitoreo fue liderado por el resguardo Mocagua y la Sociedad Zoológica de Frankfurt (FZS) durante más de dos años, y posteriormente se integraron los resguardos El Itilla y La Victoria. Las muestras recolectadas fueron procesadas en laboratorios de la Universidad de Cartagena y la Universidad de Córdoba, lo que aporta rigor científico al estudio.


Ambiente, comunidad y riesgo en el corazón amazónico

En el interfluvio entre los ríos Putumayo y Amazonas está el Parque Nacional Natural Amacayacu, una extensión de 267.300 hectáreas que combina selva húmeda tropical y bosques inundables, representando cerca del 40 % del Trapecio Amazónico. Esta área, creada en 1975, se superpone al 18 % de los territorios ancestrales indígenas amazónicos, muchos de ellos del pueblo tikuna, con quienes se comparte la gestión y administración territorial.

El resguardo Mocagua, ubicado a una hora y media en lancha desde Leticia (Amazonas), fue un punto clave del estudio. Tradicionalmente dedicado al ecoturismo, la conservación y la protección de primates, adquirió un rol adicional cuando sus comunidades afrontaron un aumento evidente de actividades mineras y narcotraficantes después del retiro de guardaparques en 2020. Voceros de la Alianza Regional Amazónica para la Reducción de los Impactos de la Minería de Oro han documentado cómo la minería ilegal se expandió en zonas cercanas, presionando no solo el territorio, sino la salud y la soberanía alimentaria de sus habitantes.

Frente a estas amenazas, las propias comunidades impulsaron la idea de conocer con datos científicos qué tan contaminadas estaban sus aguas. Desde septiembre de 2023 iniciaron el monitoreo de metales pesados en peces usados en su dieta, con el apoyo técnico de la FZS y la participación directa de pescadores e indígenas en la captura, el etiquetado y la toma de muestras.


Metodología y hallazgos relevantes

Durante los años 2023 a 2025, miembros de los tres resguardos recolectaron 1.129 muestras en más de 100 especies. Los protocolos incluyeron salidas de pesca en distintos ambientes (quebradas, playas del río, lagos) y en distintos momentos del ciclo hidrológico (aguas altas, bajas, ascendentes y descendentes). Las comunidades fueron capacitadas en procedimientos de muestreo, corte de tejido y registro de datos, integrando a jóvenes y niños en el proceso de aprendizaje.

Los resultados confirmaron que entre el 10 % y el 28 % de las especies muestreadas presentaban concentraciones de mercurio superiores al límite OMS de 0,5 ppm. Las especies piscívoras y de mayor tamaño registraron los valores más altos: el agujón alcanzó 0,86 ppm, el bocón 0,78 ppm, mientras que especies que se alimentan de sedimentos o materia orgánica mostraron niveles significativamente inferiores (ej. yaraquí: 0,04 ppm).

Los datos sugieren que la contaminación no sólo proviene de la minería local, sino que podría desplazarse desde cuencas aguas arriba. Expertos en toxicología advierten que el mercurio es altamente móvil en ecosistemas acuáticos y puede llegar incluso a zonas aparentemente “prístinas”.


Implicaciones para salud, soberanía y conocimiento territorial

Para las comunidades indígenas amazónicas, el pescado no solo es alimento, sino parte integral de su cultura, identidad y medicina tradicional. Los hallazgos representan un serio riesgo sanitario: la exposición crónica al mercurio puede afectar el sistema nervioso central, los riñones y el desarrollo cognitivo, especialmente en niños.

Además, estos resultados comprometen la seguridad alimentaria, el equilibrio ecológico y la autonomía territorial, pues se pone en cuestión la viabilidad de pescar especies locales como fuente principal de proteína. Las comunidades, lejos de ocultar la información, han socializado los resultados en afiches locales, con el objetivo de que cada familia entienda y decida en base a conocimiento.

La iniciativa también generó capacidades técnicas locales: muchos pescadores aprendieron a identificar especies, pesar y tomar cortes de tejido, comprender ciclos hidrológicos y articular ciencia con saberes ancestrales.


Camino hacia adelante: recomendaciones clave

La situación exige respuestas urgentes y conjuntas. Se recomienda:

  1. Monitoreo continuo y escalado territorial, extendiendo los muestreos a más comunidades amazónicas para construir una red regional de vigilancia ambiental.

  2. Políticas públicas que reconozcan y protejan los derechos territoriales y ambientales, incluyendo regulaciones estrictas sobre minería ilegal.

  3. Educación participativa y comunicación de riesgos, de modo que cada comunidad esté informada y empoderada frente a decisiones locales.

  4. Alianzas interdisciplinarias entre comunidades, universidades, ONG y entidades estatales, que permitan fortalecer laboratorios locales, infraestructura y acceso a datos.

  5. Fomento de alternativas económicas limpias que reduzcan la presión sobre la minería ilegal y ofrezcan opciones sostenibles para la subsistencia local.

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