Mercurio amenaza a tortugas, delfines, tiburones y más especies en Latinoamérica

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Por Observatorium Ambiental

24 de octubre de 2025 | Latinoamérica

La contaminación por mercurio se ha consolidado como una de las amenazas ambientales más severas y menos visibles de Latinoamérica. Este metal pesado, liberado principalmente por la minería aurífera ilegal, la quema de combustibles fósiles y la industria química, se infiltra en los ecosistemas acuáticos y asciende silenciosamente por las cadenas alimenticias, acumulándose en los organismos y afectando tanto a la fauna silvestre como a las comunidades humanas que dependen de los recursos hídricos.


En Chile, un estudio reciente realizado en Rapa Nui reveló niveles récord de mercurio en tortugas verdes (Chelonia mydas). Aunque los científicos aún investigan la fuente exacta de contaminación, sospechan que proviene de la bioacumulación global del metal en los océanos. “Estamos observando un fenómeno de biomagnificación que trasciende fronteras”, explica la investigadora Rocío Álvarez. “Incluso en lugares aparentemente prístinos, las tortugas se alimentan de organismos contaminados por el mercurio transportado por corrientes marinas y atmosféricas.”


En Colombia, la contaminación afecta también a los delfines rosados (Inia geoffrensis), símbolo de los ríos amazónicos. Investigaciones de la Fundación Omacha y el Instituto Humboldt hallaron concentraciones críticas de mercurio en tejidos y sangre, acompañadas de lesiones respiratorias y presencia de bacterias resistentes a antibióticos. “La situación es alarmante —advierte el científico Fernando Trujillo— porque estos cetáceos son centinelas de la salud de los ecosistemas fluviales. Si ellos están contaminados, todo el sistema lo está.”









El impacto no se limita a los mamíferos acuáticos. En los resguardos indígenas Mocagua, Puerto Nariño y Araracuara, en la Amazonía colombiana, las comunidades monitorearon más de cien especies de peces y descubrieron que entre el 10 % y el 28 % superan los límites de mercurio establecidos por la Organización Mundial de la Salud. Los resultados revelan un grave riesgo alimentario. “El mercurio no solo está en el agua —afirman los líderes locales—; está en nuestros cuerpos y en el futuro de nuestros hijos.”


En los océanos tropicales, siete especies de tiburones, entre ellas el cabeza de pala (Sphyrna tiburo), presentan altas concentraciones del metal en su tejido muscular. Según la oceanógrafa Catalina Cárdenas, los tiburones son víctimas silenciosas del mercurio debido a su posición en la cima de la cadena trófica y a su longevidad. “Cada año de vida significa más acumulación. Este metal interrumpe su capacidad reproductiva y altera su comportamiento migratorio.”


En Perú, la científica Elena Chaboteaux analizó insectos coprófagos de la Amazonía como el Coprophanaeus stellamont, encontrando que incluso los organismos más pequeños están contaminados. “La presencia de mercurio en insectos del suelo muestra que el ciclo tóxico se ha cerrado —explica—. El metal ha dejado de ser un problema acuático y se ha convertido en una amenaza integral del bosque tropical.”

La situación se agrava en Brasil y Bolivia, donde la minería ilegal descarga miles de toneladas de mercurio en los ríos Madeira, Beni y Madre de Dios. Estas partículas se evaporan, viajan con las corrientes atmosféricas y regresan en forma de lluvia tóxica sobre los bosques y cultivos. “El mercurio ya no es un problema local, sino una crisis continental de bioacumulación”, afirma André Lima, investigador del Instituto Socioambiental.


Los Andes tampoco escapan. Los glaciares y humedales de alta montaña están reteniendo mercurio en sus capas de hielo, que con el aumento de la temperatura se derriten y liberan nuevamente el contaminante. Esto no solo amenaza los ecosistemas altoandinos, sino también las fuentes de agua dulce que abastecen a millones de personas.


El mercurio, una vez liberado, no desaparece: se transforma, viaja y vuelve. Afecta la salud humana causando daños neurológicos, renales y reproductivos, con efectos irreversibles en poblaciones vulnerables. Los especialistas advierten que cada gramo de mercurio vertido en la naturaleza puede multiplicar su efecto tóxico miles de veces al ingresar en las cadenas alimentarias.


La evidencia científica es contundente. América Latina enfrenta una emergencia ambiental y sanitaria silenciosa. El mercurio contamina el aire, el agua y la vida misma, desdibujando las fronteras entre la salud del planeta y la de las personas. Detenerlo exige la eliminación total del metal en la minería, la implementación de tecnologías limpias y la cooperación internacional bajo los compromisos del Convenio de Minamata.


Porque el mercurio no conoce fronteras ni límites ecológicos. Donde hay agua, hay vida; y donde hay mercurio, hay amenaza.


“Cuidar los ríos, los mares y los bosques es cuidar la sangre que corre en nosotros. Solo cuando comprendamos que el veneno del planeta también nos envenena, empezaremos a sanar.”

Observatorium Ambiental – Síntesis científica y ecológica (2025)

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