Retroceso acelerado en Colombia: solo 30 km² restantes y la cuenta regresiva para su extinción

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Por Observatorium Ambiental

26 de Noviembre de 2025 | Glaciares tropicales

En las cumbres nevadas de los Andes colombianos, donde el hielo ha sido testigo silencioso de milenios, los glaciares tropicales se derriten a un ritmo alarmante. Según el más reciente monitoreo del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam), entre 2022 y 2024 el país perdió el 6,8% de su área glaciar, equivalente a 2,26 km² desaparecidos. Hoy, Colombia conserva apenas 30,83 km² de glaciares distribuidos en seis nevados principales: Santa Isabel, Ruiz, Huila, Cocuy, Sierra Nevada de Santa Marta y Puracé. Esta cifra representa una reducción drástica desde los más de 300 km² estimados a inicios del siglo XX, con una pérdida acumulada cercana al 90% en las últimas décadas.

El Nevado Santa Isabel es el caso más crítico: ha perdido el 45% de su cobertura en solo dos años, y los expertos proyectan que podría extinguirse completamente en los próximos 5 años si la tendencia persiste. El fenómeno climático extremo El Niño 2023-2024 aceleró este proceso, con temperaturas más altas y precipitaciones escasas que fundieron rápidamente la nieve acumulada durante La Niña previa. Datos del Ideam indican que la cobertura glaciar nacional disminuye entre un 3% y 5% anual, una tasa que convierte a estos ecosistemas en uno de los indicadores más sensibles al calentamiento global en regiones tropicales.



Estos glaciares no son solo paisajes de postal; son reservorios estratégicos de agua dulce. Alimentan ríos, humedales y acueductos que abastecen a millones de personas en ciudades como Bogotá, Manizales, Ibagué y Pereira. Su derretimiento altera el régimen hídrico: reduce el caudal en épocas secas, aumenta la vulnerabilidad a sequías prolongadas y agrava riesgos de deslizamientos e inundaciones en temporadas de lluvias intensas. Además, la pérdida de hielo libera sedimentos que afectan la calidad del agua y fragmenta hábitats únicos para especies endémicas adaptadas al frío extremo, como musgos, líquenes y microorganismos que sostienen cadenas tróficas altoandinas.


El cambio climático es el principal motor, pero se suma la contaminación atmosférica (hollín y partículas que oscurecen la nieve y aceleran su fusión) y la presión humana en zonas de páramo adyacentes. La ONU declaró 2025 como el Año Internacional de la Conservación de los Glaciares, reconociendo la urgencia global, pero en Colombia la respuesta aún es insuficiente frente a la velocidad del retroceso.

Frente a esta crisis, iniciativas como el monitoreo satelital continuo del Ideam, el fortalecimiento de parques nacionales y proyectos de adaptación comunitaria en cuencas altoandinas buscan mitigar impactos. Comunidades indígenas y campesinas, guardianes ancestrales de estos territorios, participan en alertas tempranas y planes de manejo que integran saberes tradicionales con ciencia moderna. Sin embargo, la meta nacional de carbono neutralidad para 2050 y las contribuciones determinadas actualizadas (NDC 3.0) exigen acciones más ambiciosas: reducción drástica de emisiones, protección estricta de páramos y glaciares, y financiamiento internacional para restauración hidrológica.


En palabras del Ideam, “si la tendencia continúa, el Nevado Santa Isabel será el próximo en extinguirse”. La desaparición de estos glaciares no es solo una pérdida paisajística; es la erosión de la seguridad hídrica, la biodiversidad y la identidad cultural de un país que se define por su diversidad altitudinal. Proteger lo que queda de estos vestigios de hielo eterno no es opcional: es una deuda con el futuro, un recordatorio de que el cambio climático ya no es una amenaza lejana, sino una realidad que derrite nuestras cumbres y pone en jaque el agua que sostiene la vida en los valles. En Colombia, donde los nevados se apagan uno a uno, la urgencia es clara: actuar ahora o lamentar para siempre la pérdida de nuestros últimos glaciares tropicales.

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