El agronegocio y la degradación de suelos: una crisis silenciosa que amenaza la seguridad alimentaria

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23 de diciembre de 2025 | Alimentación — Suelos y Crisis Ecológica

Durante 2025, la degradación de suelos se consolidó como uno de los factores más subestimados de la crisis ambiental latinoamericana. Mientras la atención pública se concentra en el clima y la deforestación, millones de hectáreas productivas pierden fertilidad a un ritmo que compromete la seguridad alimentaria regional.


De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), más del 50 % de los suelos agrícolas de América Latina presentan algún grado de degradación, asociado principalmente a la expansión del agronegocio, la sobreutilización de agroquímicos y la pérdida de cobertura vegetal.

Estudios del Panel Técnico Intergubernamental sobre Suelos (ITPS) indican que la erosión, la compactación y la salinización están reduciendo drásticamente la capacidad de los suelos para retener agua y nutrientes. Este deterioro incrementa la vulnerabilidad frente a sequías e inundaciones, amplificando los efectos del cambio climático.


El modelo agroindustrial dominante ha sido identificado como uno de los principales responsables. Investigaciones del Instituto Internacional de Investigación sobre Políticas Alimentarias (IFPRI) muestran que los monocultivos extensivos, orientados a exportación, generan altos rendimientos a corto plazo, pero erosionan la base ecológica que sostiene la producción a largo plazo.

En países como Argentina, Brasil y Colombia, la frontera agrícola continúa expandiéndose sobre bosques y sabanas. El Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) ha advertido que esta expansión no solo elimina biodiversidad, sino que destruye la estructura del suelo y rompe equilibrios hidrológicos fundamentales.



La degradación también tiene un fuerte componente social. La CEPAL señala que pequeños agricultores son los más afectados por la pérdida de fertilidad, ya que carecen de recursos para compensar suelos agotados con insumos costosos, quedando atrapados en ciclos de endeudamiento y baja productividad.

Frente a este panorama, la agroecología emerge como una alternativa sólida. Experiencias documentadas por la FAO y el IPBES demuestran que sistemas diversificados, rotación de cultivos y restauración de materia orgánica no solo recuperan suelos, sino que fortalecen la resiliencia climática y la soberanía alimentaria.


La crisis de los suelos no es visible como un incendio ni inmediata como una inundación, pero avanza de manera constante y profunda.

En Observatorium Ambiental sostenemos que sin suelos vivos no hay transición ecológica posible.

Cuando el suelo muere, la agricultura deja de ser alimento y se convierte en extractivismo.

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