Minerales “críticos” y transición energética: la nueva frontera de conflicto ambiental en América Latina

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Por Observatorium Ambiental
24 de diciembre de 2025 | Energía — Extractivismo y Transición

La transición energética global ha incrementado de manera acelerada la demanda de litio, cobre, níquel y cobalto. América Latina, poseedora de algunas de las mayores reservas del planeta, se ha convertido en el nuevo epicentro de una carrera extractiva que, lejos de ser verde, reproduce patrones históricos de despojo ambiental.


Informes de la Agencia Internacional de Energía (IEA) confirman que la demanda de minerales para tecnologías limpias podría cuadruplicarse antes de 2040. Este escenario ha impulsado megaproyectos mineros en Chile, Argentina, Bolivia, Perú y Colombia.


Sin embargo, investigaciones del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) advierten que gran parte de estos proyectos se desarrollan en ecosistemas frágiles, como salares andinos, páramos y cabeceras de cuenca, donde los impactos sobre el agua y la biodiversidad son potencialmente irreversibles.

El litio, presentado como “oro blanco”, ejemplifica esta tensión. Estudios del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2) muestran que su extracción en salares consume volúmenes masivos de agua, alterando equilibrios hidrogeológicos que sostienen comunidades indígenas y especies endémicas.


Desde el ámbito social, el Relator Especial de la ONU sobre Sustancias Tóxicas ha alertado que la transición energética no puede construirse sobre la vulneración de derechos humanos. Conflictos socioambientales, criminalización de líderes comunitarios y consultas previas deficientes acompañan muchos proyectos estratégicos.

Al mismo tiempo, organismos como la CEPAL subrayan que América Latina corre el riesgo de repetir su papel histórico como exportadora de materias primas, sin capturar valor tecnológico ni fortalecer soberanía energética.


Experiencias de gobernanza alternativa comienzan a emerger. Iniciativas de minería responsable, reciclaje de baterías y economía circular promovidas por la OCDE muestran que es posible reducir presión extractiva si se prioriza eficiencia material y justicia territorial.

La transición energética no es automáticamente una transición ecológica. Puede convertirse en una nueva fase del extractivismo si no se redefine el modelo de producción y consumo.

En Observatorium Ambiental afirmamos que no existe energía limpia construida sobre territorios sucios.

Cambiar de fuente sin cambiar de lógica es solo desplazar la destrucción.

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