Por Observatorium Ambiental – Bucaramanga.
En el informe técnico más reciente del Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras José Benito Vives de Andrés (INVEMAR), publicado en febrero de 2026, se confirma que los esfuerzos de restauración de manglares en la costa Pacífica colombiana han permitido recuperar funcionalidad ecológica en aproximadamente 1.200 hectáreas entre los departamentos de Chocó y Valle del Cauca durante el bienio 2025-2026. Este avance, liderado por el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible en alianza con comunidades afrocolombianas, consejos comunitarios y corporaciones autónomas regionales (CVC y Codechocó), representa uno de los procesos de restauración costera más exitosos de América Latina en los últimos años.
Los manglares del Pacífico colombiano, concentrados en bahías como Málaga, Buenaventura y Tribugá, constituyen uno de los ecosistemas más productivos del planeta por hectárea: capturan carbono azul a tasas de hasta 10-15 toneladas por hectárea al año, protegen costas contra erosión y tsunamis, y sirven de vivero para más del 70 % de las especies pesqueras comerciales de la región. La degradación histórica —causada por expansión acuícola ilegal, tala para madera y cambio de uso del suelo— había reducido la cobertura en más de 20.000 hectáreas en las últimas décadas, según monitoreos satelitales del IDEAM y el Instituto Humboldt.
La estrategia implementada combina restauración activa (siembra de propágulos de especies como Rhizophora mangle, Avicennia germinans y Laguncularia racemosa) con regeneración natural asistida y cierre de canales abandonados de piscicultura. En Chocó, el Consejo Comunitario de Comunidades Negras de la cuenca del río Baudó reporta la recuperación de 650 hectáreas mediante viveros comunitarios y monitoreo participativo, mientras que en el Valle del Cauca la CVC ha intervenido 550 hectáreas en la bahía de Buenaventura con énfasis en control de sedimentos y remoción de especies invasoras.
Desde el punto de vista ecológico, los indicadores muestran mejoras claras: la densidad de plántulas en zonas restauradas alcanza 5-8 individuos por metro cuadrado a los 18 meses, la cobertura de dosel vegetal ha aumentado un 35-45 % en parcelas monitoreadas, y la biodiversidad asociada —incluyendo aves migratorias, cangrejos y peces juveniles— registra incrementos significativos según muestreos estandarizados del INVEMAR.
Los impactos socioeconómicos son directos y medibles: más de 1.800 familias de consejos comunitarios participan activamente, generando ingresos por recolección sostenible de cangrejo, piangua y madera muerta, así como por turismo comunitario de bajo impacto. Estudios locales estiman que cada hectárea restaurada genera beneficios económicos anuales equivalentes a 800-1.200 dólares por hogar a través de servicios ecosistémicos pesqueros y protección costera, diversificando economías vulnerables al cambio climático.
Este proceso se alinea con compromisos nacionales e internacionales: fortalece el Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático, apoya la meta 30x30 del Convenio sobre Diversidad Biológica al proteger ecosistemas costeros, y contribuye al Marco de Acción de Sendai para la reducción de riesgos de desastres al restaurar barreras naturales.
Observatorium Ambiental: conocimiento para la acción ecológica.


