Por Observatorium Ambiental – Bucaramanga
La reciente decisión de limitar la explotación de fuentes hídricas subterráneas en el municipio de La Calera, en el departamento de Cundinamarca, constituye un caso emblemático de gestión ambiental en escenarios de escasez hídrica creciente. La medida, adoptada por la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca en coordinación con el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, responde a la necesidad de priorizar el abastecimiento de agua para consumo humano frente a usos industriales en un contexto de presión sobre los acuíferos.
La Calera forma parte de la región hidrográfica que abastece a Bogotá y su área metropolitana, una zona donde los recursos hídricos han mostrado señales de estrés debido a factores como el crecimiento urbano, la variabilidad climática y la sobreexplotación de fuentes subterráneas. De acuerdo con estudios del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales, varias cuencas del altiplano cundiboyacense presentan tendencias de disminución en la disponibilidad de agua, especialmente en períodos secos prolongados.
Los acuíferos —reservorios naturales de agua almacenada en formaciones geológicas subterráneas— cumplen un papel fundamental como fuente de abastecimiento en épocas de escasez superficial. Sin embargo, su recarga depende de procesos lentos asociados a la infiltración de agua de lluvia, lo que los hace particularmente vulnerables a la extracción intensiva. Cuando la tasa de extracción supera la capacidad de recarga, se generan procesos de agotamiento que pueden tener consecuencias irreversibles.
En este contexto, la decisión de restringir el uso del agua por parte de actividades industriales se fundamenta en el principio de prioridad del consumo humano, reconocido en la legislación ambiental colombiana y respaldado por estándares internacionales promovidos por la Organización Mundial de la Salud. Este principio establece que el acceso al agua potable es un derecho fundamental, lo que obliga a las autoridades a garantizar su disponibilidad en condiciones de calidad y cantidad suficientes.
Desde el punto de vista técnico, el monitoreo de los acuíferos en la región incluye indicadores como el nivel piezométrico, que mide la profundidad del agua subterránea, y parámetros de calidad como la concentración de nitratos, metales pesados y microorganismos. Datos reportados por la CAR evidencian fluctuaciones en estos indicadores, lo que ha encendido alertas sobre la sostenibilidad del recurso en el mediano plazo.
La medida también pone en evidencia los conflictos emergentes entre distintos usos del agua. En este caso, la actividad industrial —particularmente la relacionada con la extracción y embotellamiento de agua— entra en tensión con las necesidades de abastecimiento de la población. Este tipo de conflictos es cada vez más frecuente en América Latina, donde la demanda de agua crece a un ritmo superior a la capacidad de los ecosistemas para proveerla.
Desde una perspectiva ecológica, la sobreexplotación de acuíferos puede tener impactos que trascienden el ámbito humano. La disminución del nivel freático afecta la conexión entre aguas subterráneas y superficiales, alterando el flujo de ríos, quebradas y humedales. Esto repercute en la biodiversidad acuática y en los servicios ecosistémicos que estos sistemas proporcionan, como la regulación hídrica y la depuración natural del agua.
El caso de La Calera también se inserta en el contexto más amplio del cambio climático, que está modificando los patrones de precipitación y aumentando la frecuencia de eventos extremos. Según el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, regiones andinas como Colombia enfrentarán mayores variabilidades en la disponibilidad hídrica, lo que incrementa la presión sobre fuentes subterráneas como mecanismo de adaptación.
En términos de política pública, la decisión de la CAR se alinea con los objetivos de la Política Nacional para la Gestión Integral del Recurso Hídrico, que promueve el uso sostenible del agua y la protección de las fuentes. Asimismo, contribuye al cumplimiento del Objetivo de Desarrollo Sostenible 6, orientado a garantizar la disponibilidad y gestión sostenible del agua y el saneamiento para todos.
No obstante, la implementación de estas medidas requiere un equilibrio delicado entre sostenibilidad ambiental y desarrollo económico. La restricción de actividades industriales puede tener implicaciones en términos de empleo e inversión, lo que hace necesario diseñar estrategias de transición que permitan reconvertir procesos productivos hacia modelos más eficientes en el uso del agua.
La gobernanza del agua emerge así como un elemento central en la resolución de estos desafíos. La participación de comunidades, empresas, autoridades y academia es fundamental para construir acuerdos que garanticen la sostenibilidad del recurso sin comprometer el bienestar social. En este sentido, el fortalecimiento de mecanismos de monitoreo, transparencia y acceso a la información será clave para la toma de decisiones informadas.
En última instancia, lo que está en juego en La Calera no es solo la gestión de un acuífero, sino la definición de prioridades en un escenario de escasez. La decisión de privilegiar el consumo humano refleja un cambio en la forma de entender el agua: no como un recurso ilimitado, sino como un bien común que requiere protección y gestión responsable.
El agua subterránea, invisible pero esencial, se convierte hoy en uno de los indicadores más claros de la sostenibilidad de los territorios.
Observatorium Ambiental: conocimiento para la acción ecológica.
