Por Observatorium Ambiental
15 de Noviembre del 2025 | Cambio Climático
La racha de 11 años de calentamiento global récord continúa sin pausa, según alertó la Organización Meteorológica Mundial (OMM) de las Naciones Unidas en su informe más reciente, publicado el 14 de enero de 2026. Este hito confirma que los últimos 11 años han sido los más cálidos en la era moderna, con los océanos absorbiendo niveles inéditos de calor, exacerbando eventos extremos como huracanes, sequías e inundaciones en todo el planeta.
De acuerdo con la OMM, 2025 se posicionó como uno de los tres años más calurosos registrados, empatando aproximadamente con 2023 como el segundo más caliente desde 1850, solo superado por 2024. El promedio de temperatura superficial del aire en 2025 fue de aproximadamente 1.47°C por encima de los niveles preindustriales, y por primera vez, el promedio trienal superó los 1.5°C, un umbral crítico establecido en el Acuerdo de París de 2015.
Este calentamiento acelerado no es abstracto: impulsa impactos directos en América Latina. Estudios del Instituto Nacional de Pesquisas Espaciais (INPE) de Brasil indican que la Amazonía sufrió una deforestación de más de 15.000 km² en el último trimestre de 2025, un 25% más que el año anterior, agravada por sequías prolongadas vinculadas al calentamiento oceánico. En el Caribe y el Pacífico oriental, el blanqueamiento de corales alcanzó niveles récord, afectando la biodiversidad marina y la seguridad alimentaria de millones, según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA).
La acidificación oceánica y el calentamiento marino, que absorben más del 90% del exceso de calor terrestre, están intensificando desastres climáticos. El World Resources Institute (WRI) estima que estos cambios podrían costar hasta 50.000 millones de dólares anuales en servicios ecosistémicos perdidos en regiones como los Andes y la Amazonía.
En países como Colombia y Venezuela, la superposición de extractivismo y calentamiento global acelera la vulnerabilidad: glaciares en retroceso alteran cuencas hídricas, mientras que incendios forestales, potenciados por temperaturas récord, destruyen biodiversidad y liberan millones de toneladas de CO2.
La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) advierte que sin una diversificación productiva urgente, la dependencia de hidrocarburos perpetuará economías frágiles ante la volatilidad climática. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) resalta que América Latina, responsable de menos del 10% de emisiones históricas, sufre impactos desproporcionados.
Expertos del Stockholm Environment Institute coinciden: la erosión de datos ambientales a largo plazo, agravada por interferencias políticas en algunos países, complica la respuesta. Sin embargo, avances como la entrada en vigor del Tratado de Alta Mar en enero de 2026 ofrecen esperanza para proteger océanos globales.
En Observatorium Ambiental lo decimos con urgencia: esta racha de récords no es inevitable; es el resultado de inacción colectiva. Proteger el clima exige transiciones justas, inversión en renovables y soberanía ecológica. Cuando el planeta arde, América Latina no puede esperar: el futuro se define ahora, en la defensa de ecosistemas que nos sostienen a todos.
