Por Candelario Obeso (1877)
¡Ay! ¡qué triste está la palomaen su nido de arrayán;¡ay! ¡qué triste está la palomaporque su palomo se fue!Se fue por el mar azul,se fue por el mar azul,y la dejó sola y tristeen su nido de arrayán.¡Ay! ¡qué triste está la palomaporque su palomo se fue!La paloma llora y llora,la paloma llora y llora,y el arrayán se marchitade tanto llorar también.¡Ay! ¡qué triste está la palomaporque su palomo se fue!
La garza blanca se posaen la orilla del estero;la garza blanca se posay mira el agua correr.Mira el agua que se va,mira el agua que se va,y recuerda a su garzónque se fue tras del placer.La garza blanca suspira,la garza blanca suspira,y el estero le respondecon su canto de cristal.¡Ay garza, no llores más!¡Ay garza, no llores más!que tu garzón volverácuando el sol vuelva a brillar.
Candelario Obeso (1849-1884), poeta afrocolombiano nacido en Mompox, es una de las voces más auténticas de la literatura costumbrista del siglo XIX. En Cantos populares de mi tierra, recopila cantos, décimas y romances que escuchó en las plazas, ríos y bohíos del Caribe colombiano.
Sus versos no solo retratan la vida cotidiana, el amor y el desamor, sino que integran la naturaleza como personaje vivo: la paloma en su nido de arrayán, la garza en el estero, el río que habla, el sol que consuela.
Obeso escribe en un español mezclado con giros afrohispánicos, dando voz a los olvidados: pescadores, bogas, mujeres del campo. Sus cantos son ecología poética antes de que existiera el término: la tristeza de la paloma es la tristeza del río, el vuelo de la garza es el vuelo de la libertad.
“La poesía de Obeso no imita a la naturaleza: la deja hablar.”