Soy Omaira Vargas Díaz. Nací en un pueblito de Boyacá y muy joven decidí probar suerte en otros lugares. Así llegué con mi familia a Usme, a una vereda que se llama El Destino, muy cerca al páramo de Sumapaz. Es una zona rural porque nos gusta trabajar la tierra y la vida de campo. Tenemos nuestros fríjoles y animales para el sustento del hogar. La venta de leche es clave: mi esposo y mis hijos se encargan del cuidado de las vaquitas, del ordeño y de los cultivos. Ellos siembran, pero ahora la situación es difícil por los precios tan bajos de la papa.
La vida en el campo no es fácil. Uno se ve en la necesidad de aprender oficios que vienen de herencia, de los padres y los abuelos. Siendo ellos artesanos, me enseñaron el arte de tejer, que pasa de generación en generación.
Para mí, tejer significa trabajo, pero también un incentivo para mi familia. Es un motivador para salir de las rutinas de la casa. A veces lo tomo como algo que me relaja, me da descanso, me hace sentir bien.
Lo más bonito es que tejemos en un taller desde hace 19 años. Somos nueve mujeres en la Corporación Manos Creando, todas con la misma motivación: crear prendas como ruanas, cobijas, gorros, guantes, bufandas, bolsos y muñequitos en lana.
Cuando estoy tejiendo, pienso: “esto está quedando muy bonito para venderlo en las ferias”. Pero si me queda feo, lo desbarato y lo vuelvo a hacer. Espero que alguien llegue, se enamore del producto y lo compre.
En este oficio usamos la lanzadera, los usos, el tortero, el telar, la urdidora; las agujas y las lanas son lo principal. Le dedicamos casi una hora diaria, todos los días. Cada mujer crea sus propios tejidos. También hay abuelitas que colaboran con la hilada: nos venden la lana o, cuando hay pedidos grandes, nos apoyan.
El tejer en esta comunidad ha estado en manos de las mujeres. Nosotras les enseñamos a los niños, a nuestros hijos, para que no se pierda esta tradición. Por ejemplo, la señora Inés tiene una nieta de 4 añitos que ya está aprendiendo a hilar la lana, igual que sus dos hijas.
El tejer representa a la mujer rural. Nosotras criamos nuestras propias ovejas, les sacamos la lana, la hilamos y hacemos todo el proceso. Para los colores usamos plantas: la romaza (que es maleza), la cáscara de cebolla, la remolacha, el repollo morado. Las cogemos, las amozáramos y sacamos los tintes naturales.
Pero el trabajo de hilar no es valorado. Uno va a vender una ruana y dicen: “¿por qué tan cara, si en otros lados es más barata?”. Nuestras ruanas más económicas cuestan 250.000 pesos; las más costosas, entre 750.000 y 900.000, dependiendo de los hilos. Hay mucho trabajo detrás: desde criar la oveja, trasquilarla, hilar…
Este oficio nos ha permitido dictar talleres (y nos los han pagado), lo que ayuda a la economía del hogar. También hemos participado en ferias con entidades y universidades.
Quiero dejar este mensaje: valoren a la artesana, a la tejedora, a la mujer rural. Ahora muchos compran cosas tejidas con máquinas modernas, que no duran y se desbaratan rápido. En cambio, lo que nosotras tejemos a mano se le coge el punto y la prenda se arregla.
Este arte puede mantenerse en el tiempo. Las nuevas generaciones de nuestra familia ya lo tienen muy apropiado.
https://gamma.app/docs/Magazin-Biblioambiental-Un-Vuelo-Hacia-la-Conservacion-rxrtu5tf8xc5pse
Cada fecha es una oportunidad para reflexionar, actuar y cuidar nuestro hogar común. Aquí van las efemérides ambientales de octubre, con un libro clave para profundizar en cada tema.
1 de octubre – Día del Mar y la Riqueza Pesquera
Proteger y conservar los ecosistemas marinos, que proporcionan equilibrio ecológico y belleza natural, es una responsabilidad compartida. Por esto, la pesca sostenible, el respeto por las especies marinas y la preservación de nuestros ecosistemas están en nuestras manos.
Libro recomendado:
4 de octubre – Día Nacional de las Aves
Estas criaturas llenas de vida y color nos recuerdan que, además, son parte del patrimonio natural y cultural que nos conecta con la naturaleza.
Libro recomendado:
“Si cuidamos las aves, cuidamos el planeta, la armonía y la riqueza natural.”
4 de octubre – Día Mundial de los Animales
Al cuidar de los animales, protegemos el equilibrio natural de los ecosistemas, fortalecemos la biodiversidad y defendemos la vida, pues cada especie desempeña un papel vital en la salud del planeta.
El Día Interamericano del Agua busca resaltar la importancia de este recurso vital para la vida, la salud, el desarrollo sostenible y la conservación del ambiente. Invita a reflexionar sobre la necesidad de cada gota, promover el uso responsable y proteger las fuentes hídricas.
“Al cuidar el agua se garantiza un futuro sostenible para todos.”
6 de octubre – Día Mundial del Hábitat
El acceso a una vivienda adecuada comienza con un entorno sostenible y en equilibrio con la tierra.
Libro recomendado:
11 de octubre – Día Mundial de las Aves Migratorias
La conmemoración de este día impulsa los esfuerzos para preservar la biodiversidad y fomentar el compromiso de la humanidad con la conservación y cuidado de estas especies.
Libro recomendado:
Impulsar la visibilización del trabajo de las mujeres rurales, promover sus derechos y fortalecer su empoderamiento es avanzar hacia un desarrollo rural inclusivo, equitativo y sostenible.
La conservación de la naturaleza es un acto directamente de nuestras acciones y comportamientos como seres conscientes.
21 de octubre – Día Mundial del Ahorro de Energía
Es importante tomarnos un momento para reflexionar sobre el impacto directo que tiene el consumo de energía en la naturaleza y adoptar hábitos responsables que contribuyan a reducir la contaminación y a proteger el ambiente.
Este día se estableció para sensibilizar sobre los efectos negativoretrato sobre la segunda naturaleza de s del calentamiento global e invitar a unir esfuerzos a nivel internacional, adoptando hábitos sostenibles y responsables para con la vida y el planeta.
Libro recomendado:
Es importante pensar sobre la construcción de ciudades a partir de un desarrollo urbano sostenible, inclusivo y en armonía con la naturaleza.
Consuelo: Antes de llegar a esta exhibición, nos gustaría ir al inicio. ¿Quién es Humberto Salazar López y qué lo atrajo a hacer esculturas de aves?
Humberto: En el transcurso de 36 años me he dedicado en Colombia al estudio de las aves, a observarlas en su hábitat natural. He diseñado esta colección basándome en la observación directa y tomando estudios de colecciones ornitológicas. Para estas piezas utilicé un 70% de material reciclado, aplicado sobre una estructura previamente diseñada en malla y varillas aceradas. El material que uso es plástico y papel: lo muelo, lo proceso y me da una textura similar a la arcilla. Así voy efectuando el acabado de estas obras.
Consuelo: ¿Qué lo atrajo específicamente a las aves como tema principal de su escultura?
Humberto: Me atrajo el privilegio que tiene Colombia al ser el primer país del mundo con 1.972 especies de aves, según los últimos registros científicos. Además, hay aproximadamente 82 especies endémicas, es decir, que únicamente las tenemos en Colombia. Por esta razón me dediqué a hacer este tipo de trabajo para presentarlo en variados lugares del país.
Consuelo: ¿Cómo se inspira en la naturaleza y en los diferentes tipos de aves para crear sus obras? ¿Tiene alguna especie favorita para esculpir?
Humberto: Me inspiro en la observación de las aves en su hábitat natural. Por ejemplo, el gallito de las rocas andino que se encuentra en la región de San José del Guaviare. Basado en la observación y estudios de pieles en colecciones ornitológicas, diseño este tipo de trabajo. Del gallito de roca andino hay tres especies en Colombia: el de San José del Guaviare, el del Valle del Cauca y uno color naranja. Los machos tienen un ornamento precisamente para hacer danza de cortejo y atraer a la hembra.
Consuelo: ¿Podría describir su proceso creativo, desde la idea inicial hasta la pieza finalizada?
Humberto: Para el diseño de una obra como el gallito de las rocas, diseño la estructura en malla y alambre semiacero para que tenga resistencia. La base es imitación a un tronco, todo en material reciclado. Una vez diseñada la estructura (que es el esqueleto del ave), aplico capas de material reciclado en un 70%. Material como plástico, papel y otros van molidos y quedan como arcilla para trabajarlo. Una vez terminado, le doy el acabado con pinturas al óleo.
Consuelo: ¿Usted describiría su obra como una "obra viva" por el uso de materiales reciclados? ¿Es una obra que cambia con el tiempo?
Humberto: Lo maravilloso de este arte es que cuando lo presento en exposiciones, los niños me preguntan: "¿son disecados?". Estas interacciones me han llenado de satisfacción. He diseñado gran variedad de aves, incluyendo el cóndor de los Andes, una de las aves voladoras más grandes de Suramérica. Toda esta información la presento a estudiantes en colegios de distintas partes de Colombia.
Consuelo: Considerando la fragilidad de algunas especies de aves, ¿su trabajo busca generar conciencia sobre la conservación?
Humberto: Es importante dar a conocer al público que este trabajo es vital para presentar aves que ya no están con nosotros, que fueron llevadas a la extinción por el hombre. Por ejemplo, el pato zambullidor andino, observado por última vez en Colombia en 1977 en el Altiplano Cundiboyacense. Basándome en el estudio de una piel (lo único que quedó), lo pasé a escultura. Así se conoce cómo era su color y morfología. Al presentarlas en escultura, damos a conocer que hay que conservar las especies.
Consuelo: ¿Nos puede dejar un mensaje para quienes son amantes de las aves y cuidadores del ambiente al no contaminar con basura?
Humberto: Las personas que cuidamos la biodiversidad en Colombia sabemos lo importante que es recoger esos materiales que van a parar a las fuentes de agua y las contaminan. Reutilizarlos es clave para cuidar el hábitat de muchas especies y mejorar la calidad de vida.
17 de septiembre de 2025
Hubo quienes escucharon una llamada más alta que el murmullo de las convenciones. El destino de Elizabeth Kerr fue la selva colombiana, persiguiendo especies raras como el majestuoso jabirú, un pájaro de plumaje blanco que la obligaba a adentrarse en los pantanos y los misterios del Atrato. Este y muchas otras especies fueron el motor de una existencia que se negaba a ser encerrada. A principios del siglo XX, la vida de una mujer era una jaula de terciopelo marcada rígidamente por el hogar, la maternidad y la sumisión. Así que no era común que una mujer decidiera viajar sola al Trópico, adentrarse en la selva y labrarse un camino coleccionando especies.
En esos tiempos de férreas restricciones, existió Elizabeth Kerr. Una mujer que se consideraba a sí misma naturalista, alguien que no tenía miedo de hacer lo que quería. Se hizo coleccionista de aves y mamíferos, y viajó sola a Colombia para iniciar un viaje entre la espesura, lo desconocido y su corazón lleno de coraje.
Mientras avanzo río arriba en mi pequeña canoa, pasando junto a espléndidas enredaderas en flor —que sé que debo dejar tranquilas, ya que la muerte acecha en sus brillantes pliegues—, bajo grandes y sombríos árboles colgantes, con inmensas lianas arrastrándose hasta el agua, un extraño pájaro vuela hacia las ramas de un árbol delante de mí. Remo suavemente con la mirada fija en las ramas del árbol. El bote avanza...
Hay un chapoteo repentino, un golpe terrible sobre la proa de la canoa que casi la hace añicos, y mi mirada es de repente desviada del pájaro hacia un gran caimán que había estado durmiendo en la orilla y que no había notado.
El caimán se sumerge en aguas profundas, y yo me quedo lamentándome porque el pájaro se ha asustado y se ha ido volando."
El relato de Elizabeth Kerr nos transporta directamente a un mundo que pocos se atrevían a pisar en esos tiempos. Ella no solo nos describe su viaje, sino que nos ofrece su visión: “su cuartel general” contrasta con la “naturaleza” a la que se dirige sola. Su valiente incursión nos muestra su obsesión por —ese “extraño pájaro”—, lo que nos lleva a preguntarnos ¿cómo lograba esta coleccionista solitaria conservar la rareza que le costaba tanto conseguir? Como veremos, su camino era tan singular y meticuloso como su vida misma.
La técnica de conservación usada por Kerr, conocida como la creación de “pieles”, era esencial para el comercio de especímenes. Hoy estas colecciones se encuentran en el American Museum of Natural History. Kerr viajó por el Valle del Magdalena, los Andes Centrales cerca de Tolima y por el Pacífico Norte de Colombia. En esta trayectoria recolectó aves y mamíferos. Entre sus contribuciones ornitológicas se encuentra el holotipo recolectado del tinamú del Chocó (Crypturellus kerriae); además, que sus colecciones fueron fundamentales para describir cuatro subespecies de aves, enriqueciendo la taxonomía global: Tangara gutta tolimae; Grallaria guatimalensis chocoensis; Conopophaga castaneiceps chocoensis; Trogonurus curucui cupreicauda.
Este legado se forjó desafiando todo lo establecido para una mujer de su tiempo. Kerr no solo rompió el guion doméstico, sino que desafió los roles establecidos al usar pantalones bombachos para moverse en la selva, portar un arma y saber cazar, y como ella misma admitió —no tener miedo y amar la selva—.
Conocer la historia de Elizabeth Kerr es importante para ampliar el canon de las mujeres pioneras en la ciencia. No obstante, no podemos ignorar que esta historia se desarrolla en el marco de una dinámica colonialista, en la que el patrimonio biológico se extraía sistemáticamente de Suramérica para coleccionistas y en la que el conocimiento de los pueblos indígenas era ignorado. El reconocimiento de su contribución científica debe ir de la mano con la reflexión ética sobre las condiciones en las que estas especies llegaron a reposar en colecciones extranjeras.
Así como Elizabeth Kerr, su destino es un reflejo de muchas otras pioneras cuyas historias fueron deliberadamente borradas o desfiguradas —incluso cuando su trabajo se mencionaba, a menudo se la confundía con un hombre—. Kerr convirtió la aventura, el conocimiento, la expedición y su libertad salvaje en su segunda naturaleza, salió de su jaula y llenó sus sentidos de colores y sonidos. Su vida es la prueba de que la verdadera voluntad existe en los confines, más allá del murmullo de las convenciones.