En las profundidades de la Amazonía, donde la selva se entreteje con memorias ancestrales traídas en barcos negreros hace siglos, las comunidades afrodescendientes emergen como pilares silenciosos de la conservación global. Un estudio pionero publicado en Nature Communications Earth & Environment revela que sus territorios legalmente reconocidos en Brasil, Colombia, Ecuador y Suriname exhiben tasas de deforestación hasta un 55% inferiores a las áreas protegidas circundantes, al tiempo que albergan reservas excepcionales de biodiversidad y carbono irrecuperable –más de 486 millones de toneladas colectivamente–. Estos hallazgos, basados en un análisis espacial riguroso de 9.9 millones de hectáreas (apenas el 1% del territorio combinado de estos países), no solo cuantifican contribuciones ecológicas subestimadas, sino que exigen un replanteamiento de las políticas climáticas y de biodiversidad que históricamente han marginado a estos guardianes.
El equipo de investigación, liderado por Conservation International en colaboración con el Environmental Solutions Initiative del MIT, el Smithsonian Environmental Research Center, la Universidad de Florida y la Universidad de Nueva York, empleó métodos de emparejamiento espacial para comparar 87 territorios afrodescendientes con sitios de control similares en proximidad. Los resultados son inequívocos: las tasas de deforestación en estos territorios son un 29% menores dentro de áreas protegidas, un 36% inferiores fuera de ellas, y hasta un 55% más bajas en los bordes de zonas de amortiguamiento. Esta evitación de la conversión forestal ha preservado no solo la cobertura arbórea, sino también sumideros de carbono críticos: el carbono irrecuperable –aquel que, una vez perdido, no se resecuestra en al menos 30 años– representa un escudo vital contra el calentamiento global, equivalente a las emisiones anuales de millones de vehículos.
La biodiversidad, otro tesoro custodiado, brilla con igual intensidad. Más del 56% de estos territorios figuran entre el 5% superior global en riqueza de especies, con un 99% de las tierras afrodescendientes en Ecuador clasificadas como hotspots de biodiversidad. Prácticas ancestrales de origen africano, como los "bosques alimentarios" –sistemas agroforestales que fusionan conocimientos tradicionales con entornos locales–, emergen como clave explicativa. Estas técnicas, arraigadas en la resiliencia de comunidades quilombolas en Brasil o palenqueras en Colombia, fomentan ecosistemas multifuncionales que sostienen tanto la soberanía alimentaria como la integridad ecológica, contrastando con modelos extractivistas que aceleran la degradación.
Sin embargo, esta stewardship no opera en el vacío. Históricamente invisibilizadas, las comunidades afrodescendientes enfrentan barreras sistémicas: en Brasil, 9.1 millones de hectáreas permanecen sin reconocimiento legal; en Colombia, 1.76 millones; y en Suriname, más de 10.5 millones de tierras afro e indígenas carecen de títulos formales. La exclusión de procesos como la COP30 o la Convención sobre Diversidad Biológica (CBD) perpetúa esta brecha, ignorando evidencia científica que posiciona a estos territorios como aliados indispensables en la mitigación climática. Como señala Martha Cecilia Rosero Peña, Ph.D., Directora de Inclusión Social en Conservation International, "la evidencia es indiscutible; el mundo tiene mucho que aprender de sus prácticas de manejo territorial".
En Observatorium Ambiental, este estudio trasciende la academia: es un llamado a la acción integrada. Recomendamos urgentemente: (1) el reconocimiento legal pleno de territorios afrodescendientes para blindar su protección; (2) mayor inversión en investigación y financiamiento dirigido a estas comunidades; y (3) la integración de sus prácticas sostenibles en marcos globales como el Acuerdo de París y la CBD. Reconocer su rol no es equidad social; es imperativo ecológico. En un año donde COP30 dejó brechas en metas climáticas, estas tierras nos recuerdan que la verdadera resiliencia nace de raíces profundas y diversas.
La Amazonía no es un recurso; es un legado vivo. Honrémoslo reconociendo a quienes lo defienden con la vida.
Referencia principal: Sangat, S. S., et al. (2025). "Afro-descendant lands in South America contribute to biodiversity conservation and climate change mitigation". Nature Communications Earth & Environment, 6(1). DOI: 10.1038/s43247-025-02339-5.
