La temporada de incendios en la Amazonía ha alcanzado niveles alarmantes en 2025, confirmando que el cambio climático no es una amenaza distante, sino una realidad que devora el pulmón del planeta. Según el último informe del Instituto Nacional de Pesquisas Espaciais (INPE) de Brasil, actualizado a diciembre de 2025, la deforestación y los fuegos intencionales han destruido más de 15.000 km² de bosque solo en el último trimestre, un incremento del 25% respecto al año anterior. Esta crisis se agrava por sequías prolongadas, vinculadas directamente al calentamiento global, que facilitan la propagación de llamas en áreas previamente resilientes.
Organizaciones como el World Wildlife Fund (WWF) y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) destacan que la Amazonía, que alberga el 10% de la biodiversidad mundial, está en un punto de no retorno. Estudios del Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas SINCHI en Colombia revelan que los incendios no solo liberan millones de toneladas de CO2 —equivalentes al 15% de las emisiones globales anuales—, sino que también alteran ciclos hidrológicos, contribuyendo al estrés hídrico en países vecinos como Perú y Bolivia.
En Brasil y Colombia, la convergencia de agronegocio, minería ilegal y débil enforcement estatal acelera esta degradación. La CEPAL advierte en su reporte de fin de año que sin políticas integrales de restauración forestal, la región podría perder hasta el 20% de su cobertura arbórea para 2030, impactando la seguridad alimentaria y la estabilidad climática global.
Desde Observatorium Ambiental, enfatizamos que combatir los incendios requiere más que extinción: implica transiciones agroecológicas, fortalecimiento de territorios indígenas y compromisos internacionales reales. La Amazonía en llamas es un recordatorio: el cambio climático ya está redefiniendo el futuro de América Latina.
