Los desafíos de los acueductos comunitarios en Colombia: “Para cuidar el agua hay que cuidar la biodiversidad y los ecosistemas” | ENTREVISTA

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25 de octubre de 2025
Amazonia
Historias ambientales narradas por jóvenes periodistas


La colombiana Adriana Baquero es la presidenta de la Red de Acueductos Comunitarios de Villavicencio ACER Agua Viva, cargo desde el cual impulsó la creación de una política pública local de gestión comunitaria del agua en Villavicencio, Meta.

Los acueductos comunitarios desempeñan un papel vital en la conservación de cuencas hídricas y especies de flora y fauna como el mono zocay, endémico de la región.
Más de nueve millones de personas en Colombia se abastecen de agua gracias a la labor de estas organizaciones, que combinan autogestión, liderazgo y defensa ambiental frente a la expansión urbana, la minería y el cambio climático.


Cinco datos clave

“Mujeres mensajeras en defensa de la madre naturaleza” se lee en la camisa de Adriana Baquero, lideresa de 45 años que llegó a Villavicencio cuando apenas tenía once meses. En aquel entonces, el barrio Montecarlo Alto era una pequeña comunidad sin luz, sin vías ni agua. Con el tiempo, sus habitantes unieron esfuerzos para construir un acueducto comunitario que garantizara el acceso al recurso hídrico.

Las familias fundadoras organizaron jornadas de trabajo comunitario. Las mujeres acarreaban el agua en baldes, mientras los hombres abrían paso a la bocatoma con picos y palas. “Duraron muchos años organizando para tener lo que ahora se tiene”, recuerda Baquero.


De la Junta de Acción Comunal a la defensa del agua

A los 34 años, Adriana inició su camino en la gestión comunitaria del agua como tesorera de la Junta de Acción Comunal. Luego se convirtió en la primera mujer administradora y coordinadora del acueducto.
Hoy lidera ACER Agua Viva, una red que ha identificado 126 acueductos en Villavicencio —una cifra muy superior a la reportada por las autoridades— y que abastece entre el 30 % y 40 % de la población local.

En Colombia, según el Sistema de Inversiones en Agua Potable y Saneamiento Básico (SINAS), existen oficialmente 3649 organizaciones comunitarias. Sin embargo, se estima que más de 12 000 acueductos abastecen al 40 % de la población rural.

En América Latina, son más de 145 mil organizaciones comunitarias las que proveen agua a cerca de 70 millones de personas. La historia de Villavicencio destaca porque, a diferencia de la mayoría, sus acueductos comunitarios se desarrollan dentro de una ciudad intermedia y no en zonas rurales.


“El Estado no ha llegado a la ruralidad”

—Usted ha dicho que con las redes de agua del municipio, media ciudad queda excluida. ¿Qué falta para que toda la población cuente con este servicio básico?

—El Estado no ha llegado a la ruralidad colombiana: no hay alcantarillados y el agua es manejada por las comunidades. En Villavicencio lo paradójico es que dentro de la ciudad hay muchos acueductos comunitarios porque antes eran zona rural.
La ciudad tiene abundante recurso hídrico subterráneo, pero la mala planeación y la corrupción han dejado la infraestructura en el abandono. “Toda la vida han hablado de estudios y diseños, pero no pasa de ahí”, dice Baquero.


Biodiversidad, clave para cuidar el agua

—Desde los acueductos comunitarios en Villavicencio se conservan el ambiente, la flora y la fauna. ¿Cómo es este trabajo?

—Para cuidar el agua hay que cuidar la biodiversidad y los ecosistemas. La autoridad ambiental nos exige sembrar especies nativas, pero hemos demostrado que también se deben incluir árboles frutales y de cacao, vitales para el equilibrio ecológico.
En la Comuna Ocho, por ejemplo, vive el mono zocay (Plecturocebus ornatus), especie en peligro de extinción que ayuda a polinizar la montaña. También se han registrado más de 120 especies de aves, tigrillos, serpientes y hasta panteras.

La Red de Acueductos ha propuesto ampliar los polígonos de conservación y fortalecer la educación ambiental con niños y jóvenes mediante escuelas de polinizadores y talleres de avistamiento.


Lucha contra la minería de arena

En 2019, las comunidades lograron la suspensión de tres licencias ambientales de minería de arena en el Meta. Las empresas explotaban fuera de los polígonos permitidos, destruyendo la cobertura vegetal y afectando las fuentes hídricas.
“Se llegó a un proceso sancionatorio y Cormacarena no tuvo otra opción que suspender las licencias. Fue una victoria de las comunidades”, afirma Baquero.


Un marco legal en construcción

El Decreto 0960 de 2024 reglamenta la gestión comunitaria del agua en Colombia. Reconoce el agua como bien común y otorga a los acueductos comunitarios un enfoque diferencial, permitiéndoles acceder a recursos del Estado y fortalecimiento técnico.

Además, el Plan Nacional de Desarrollo incluye el artículo 274, que respalda el fortalecimiento de los acueductos comunitarios mediante inversión, infraestructura y capacitación. Sin embargo, su implementación sigue siendo lenta.


La política pública del agua en Villavicencio

En 2021 se aprobó la política pública local del agua, orientada a fortalecer los acueductos comunitarios. Pero su ejecución está detenida.
“No hay presupuesto. Quieren modificar las metas para evitar sanciones. Pero nosotros no lo permitiremos”, dice Baquero.
La norma exige un proyecto anual de inversión durante 12 años, pero los indicadores están en cero.


Amenazas y futuro

Las amenazas son múltiples: petróleo, palma africana, turismo descontrolado y minería. En regiones del Meta y la Orinoquía, las comunidades denuncian la contaminación de ríos y la sobreexplotación de los suelos.

Baquero concluye con una frase que resume la lucha de miles de comunidades:

“El agua no es un negocio. Es un derecho. Y para cuidarla, hay que cuidar la vida que depende de ella.”

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