Mientras el mundo acelera hacia las energías renovables, América Latina enfrenta el desafío de transitar desde un modelo extractivista sin repetir errores del pasado. El informe de fin de año de la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA), actualizado en diciembre de 2025, indica que la región podría generar el 25% de su electricidad de fuentes solares y eólicas para 2030, pero solo si supera barreras como la dependencia del petróleo y la falta de inversión en infraestructura verde.
Análisis del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) muestran que países como México y Argentina avanzan en parques eólicos, pero la "fiebre verde" por litio en el Triángulo del Litio (Argentina, Bolivia, Chile) genera nuevos conflictos ambientales, como el agotamiento de acuíferos. El PNUMA alerta que sin planificación justa, esta transición podría agravar desigualdades, afectando a comunidades indígenas que custodian estos recursos.
La CEPAL enfatiza que la diversificación energética debe incluir justicia social: empleos verdes, transferencias tecnológicas y fondos para mitigación climática. En 2025, eventos como sequías han demostrado la vulnerabilidad de la hidroelectricidad, impulsando la necesidad de un mix renovable diversificado.
Observatorium Ambiental sostiene que la verdadera transición no es solo técnica, sino transformadora: debe desmantelar el extractivismo y priorizar la soberanía ecológica. América Latina tiene el potencial para liderar, pero solo si actúa con urgencia y equidad.
