Por observatorium ambiental | 11 de febrero de 2026
En febrero de 2026, Colombia conmemora el Día Mundial de los Humedales en medio de una crisis climática que ha intensificado las lluvias atípicas, afectando directamente estos ecosistemas vitales para la regulación hídrica y la biodiversidad. Según el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM), las precipitaciones han superado en un 64% los promedios históricos en regiones como el Caribe y el Pacífico, lo que ha provocado inundaciones que erosionan los humedales y alteran su capacidad de actuar como barreras naturales contra desastres. La ministra de Ambiente, Irene Vélez Torres, ha destacado la urgencia de proteger estos espacios, recordando que Colombia cuenta con más de 31.700 humedales reconocidos, muchos de ellos sitios Ramsar de importancia internacional, y ha impulsado planes de manejo que integran saberes ancestrales de comunidades indígenas y afrocolombianas. Líderes ambientales como Saúl Moya, coordinador de WWF Colombia, enfatizan que estos ecosistemas no solo almacenan agua, sino que mitigan el cambio climático al capturar carbono, pero enfrentan amenazas como la deforestación y la contaminación agrícola.
Los humedales en regiones como el Valle del Cauca han sido epicentro de esfuerzos de restauración, donde la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca (CVC) ha invertido más de 1.700 millones de pesos en la recuperación de 23 humedales, incluyendo acciones como la remoción de especies invasoras y la siembra de vegetación nativa. Marco Antonio Suárez, director de la CVC, ha liderado estas iniciativas, destacando cómo el humedal Platanares en Yumbo se ha convertido en un modelo de articulación entre comunidades locales, empresas y autoridades ambientales para combatir la eutrofización causada por vertimientos industriales. Expertos como los de la FAO en Colombia, representados por Alan Bojanic, subrayan que estos ecosistemas son clave para la seguridad alimentaria, proporcionando pesca y agricultura sostenible a miles de familias, pero las inundaciones de febrero 2026 han desplazado sedimentos tóxicos que amenazan su productividad.
En el Caribe colombiano, la adopción del Plan de Manejo Ambiental para la Ciénaga Grande de Santa Marta representa un hito bajo el liderazgo de la ministra Irene Vélez Torres, quien ha enfatizado la integración de gobernanza comunitaria para restaurar este humedal Ramsar, afectado por la salinización y la pérdida de manglares debido a actividades humanas. Líderes sociales como los representantes de comunidades palafitas, inspirados en figuras como Francia Márquez, han demandado mayor vigilancia militar contra la inseguridad que impide la pesca tradicional, argumentando que la conservación debe priorizar los derechos territoriales de pueblos étnicos. Autores ambientales como Manuel Rodríguez Becerra, exministro de Ambiente, señalan en informes que este plan incluye restauración ecológica y fortalecimiento de capacidades locales, pero advierten sobre la necesidad de fondos internacionales para contrarrestar los impactos del cambio climático global.
Las inundaciones provocadas por el frente frío en febrero han exacerbado la vulnerabilidad de humedales en Córdoba y Sucre, donde más de 40.000 hectáreas han sido afectadas, según la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD). Susana Muhamad, actual ministra de Ambiente, ha criticado la gestión de infraestructuras como represas que alteran flujos naturales, citando estudios del IPCC que vinculan estos eventos a patrones climáticos intensificados por el calentamiento global. Líderes indígenas embera, herederos del legado de Kimy Pernía Domicó, han revivido campañas para proteger humedales ribereños, argumentando que las crecientes súbitas destruyen hábitats de especies endémicas y afectan la soberanía alimentaria de sus comunidades.
En Bogotá, los humedales urbanos como el de Tibanica y Juan Amarillo enfrentan presiones por urbanización ilegal, pero iniciativas de la Secretaría Distrital de Ambiente, lideradas por Carolina Urrutia, han impulsado jornadas de recuperación con siembra de 1.000 especies nativas y remoción de invasoras como la acacia alemana. Expertos de la Universidad Externado de Colombia, como los del Departamento de Derecho del Medio Ambiente, recuerdan que la Convención Ramsar obliga a Colombia a priorizar estos ecosistemas para reducir riesgos de desastres, pero la falta de monitoreo continuo agrava su degradación. Líderes comunitarios como los de la Mesa de Humedales de Bogotá han organizado bicirecorridos educativos para sensibilizar sobre su rol en la mitigación de inundaciones urbanas, integrando conocimientos tradicionales de pueblos muiscas.
La campaña global de 2026 para el Día Mundial de los Humedales, con el lema “Los humedales y los conocimientos tradicionales: celebremos el patrimonio cultural”, ha inspirado acciones en Colombia, donde la FAO destaca el rol de saberes indígenas en la gestión sostenible. Vandana Shiva, activista internacional por los derechos al agua, ha influido en movimientos locales que exigen reconocer humedales como bienes comunes, no recursos explotables, especialmente en la Amazonía donde deforestación amenaza complejos como la Estrella Fluvial Inírida. Líderes como Laura Caicedo de Greenpeace Colombia advierten que sin transiciones justas alejadas de combustibles fósiles, los humedales seguirán sufriendo acidificación y pérdida de biodiversidad.
Los impactos económicos de la degradación de humedales se estiman en millones, afectando pesca y turismo en áreas como la Orinoquía, donde el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) impulsa la recuperación de más de 40.000 hectáreas con participación comunitaria. Amylkar Acosta, exministro de Minas y Energía, ha señalado que megaproyectos mineros agravan la contaminación de estos ecosistemas, proponiendo reformas regulatorias para integrar evaluaciones ambientales estrictas. Líderes sociales afrocolombianos, como Francia Márquez, enfatizan la intersección con desigualdades raciales, demandando que planes de manejo incluyan reparaciones por daños históricos en humedales del Pacífico.
La salud pública también se ve comprometida, con riesgos de enfermedades vectoriales en humedales inundados, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), que recomienda monitoreo epidemiológico en zonas como el Magdalena. Expertos como Thomas Lovejoy, pionero en estudios de biodiversidad, habrían advertido sobre la fragmentación de estos ecosistemas, que reduce su resiliencia ante eventos climáticos extremos como los de febrero 2026. Líderes ambientales locales, como los de la Guardia Ambiental en Cartagena, han realizado intervenciones en playas conectadas a humedales, promoviendo siembras y limpiezas para mitigar contaminación plástica.
A nivel internacional, la OCDE ha reconocido avances en la política ambiental colombiana, incluyendo la conservación de humedales, pero insta a mayor inversión para cumplir metas de 2030 en biodiversidad. Greta Thunberg, en un contexto global, inspira a jóvenes activistas colombianos a presionar por acciones climáticas que protejan estos ecosistemas, vinculando la crisis actual a emisiones globales. Líderes como Elizabeth Peredo de la Fundación Solón promueven enfoques ecofeministas, reconociendo el rol de mujeres indígenas en la custodia de humedales como fuentes de vida y cultura.
Finalmente, las lecciones de febrero 2026 deben impulsar reformas integrales, como propone la ANLA, para evitar que actividades humanas prioricen ganancias sobre la sostenibilidad de humedales. Líderes indígenas continúan la lucha por derechos territoriales, demandando justicia ambiental en foros internacionales. Autores como los de WWF Colombia enfatizan la necesidad de sinergias entre acción climática y conservación para revertir la pérdida de estos ecosistemas vitales.





